domingo, 27 de septiembre de 2015

Está pasando. Nos lo estamos perdiendo.

El año 2014 fue el tercero consecutivo en el que el segmento residencial de energía solar creció por encima del 50% en los Estados Unidos, y el primero en el que las instalaciones superaron al segmento no residencial. En el año 2008, la generación de energía solar fotovoltaica en el país alcanzó los 1,18 GW y fue  considerada como un gran logro: actualmente, esa producción se calcula en 21,3 GW, suficiente como para cubrir las necesidades de 4,3 millones de hogares. 
En la clave de este crecimiento, además de los anuncios de grandes empresas que ven la energía solar no solo como un ahorro, sino como parte de sus programas de responsabilidad social corporativa, está el segmento residencial. El 72% del crecimiento del pasado año se debe a ese mercado, que responde a una fortísima dinamización originada fundamentalmente por los avances tecnológicos. Una de las compañías más activas en este sentido, la californiana Solar City, anuncia en este momento en su página web que “cada tres minutos, alguien se pasa a Solar City“.
El principal factor que está haciendo crecer este mercado no es otro que la tecnología. Además del progresivo descenso del coste e incremento de la eficiencia de los componentes utilizados en este tipo de instalaciones, las compañías que han irrumpido en este segmento simplifican el proceso de dimensionamiento, diseño, elección de componentes, instalación, evaluación y financiación hasta extremos que lo hacen accesible a todo tipo de necesidades. En primer lugar, este tipo de compañías acceden a economías de escala en desarrollo de expertise y en costes que estarían completamente fuera de alcance de un usuario particular. Además, se encargan de simplificar el proceso de toma de decisiones y la evaluación y las gestiones necesarias para obtener las subvenciones correspondientes. La instalación, otro importante elemento, se beneficia igualmente de importantes economías de aprendizaje. Y finalmente, considerado por muchos el factor fundamental, el desarrollo de fórmulas innovadoras de financiación de la inversión basadas en los ahorros generados, que ofrecen un coste de capital notablemente inferior al que un hogar medio podría acceder en caso de recurrir a un crédito al consumo.
Todo un ecosistema de desarrollo que está dando ya resultados, que se ha considerado yauna prioridad nacional por su impacto potencial en la política energética, en la dependencia de las importaciones de combustibles fósiles, y en último término, en el cambio climático. Todo un país desarrollando un tejido empresarial y social en torno a una tecnología, siendo capaz de generar valor en los tres niveles de la pirámide: a nivel residencial (mediante ahorros en la factura de la luz), a nivel empresarial (con el desarrollo de toda una industria dedicada a cubrir las necesidades en este ámbito), y a nivel de la sociedad en su conjunto (en forma de beneficios a nivel macroeconómico y para el medio ambiente). Simplemente, la visión necesaria para permitir que el desarrollo tecnológico siga su curso sin obstáculos.
¿Cuánto tiempo tiene que pasar para que en España, un país con unas características naturales absolutamente privilegiadas para el desarrollo de la energía solar, surja un ecosistema de compañías comparable a este? ¿Por qué el gobierno, en vez de favorecerlo, se dedica a intentar por todos los medios preservar los beneficios de las compañías eléctricas tradicionales, inventándose impuestos para tratar de desincentivar por todos los medios el desarrollo de una infraestructura de generación descentralizada? ¿Por qué pretenden apostar por un modelo de renovables en el que esas compañías mantienen la propiedad de las infraestructuras, cuando los cambios en el escenario tecnológico han posibilitado ya modelos de infraestructuras residenciales mucho más eficientes?
Un ecosistema empresarial como el actual en los Estados Unidos tarda años en desarrollarse. Mientras en España seguimos regidos por ineptos tecnológicos – cuando no directamente corruptos – en los Estados Unidos esta revolución ya está discurriendo a velocidad de crucero. ¿Habría sido posible un desarrollo de esta magnitud en los Estados Unidos si su gobierno hubiese tratado por todos los medios de proteger a las empresas eléctricas tradicionales y se hubiese esforzado por desincentivar la inversión en energía solar hasta el punto de inventarse absurdos y demenciales “impuestos al sol“? El histórico eslogan de la CNN, “está pasando, lo estás viendo”, convertido en España en un triste “está pasando, nos lo estamos perdiendo”. Será el sol, que nos ciega…


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